¿Qué es una vida extraordinaria? En la sociedad en la que vivimos, solemos asociarla con grandes fortunas, éxito visible, edificios con nombres propios. Una idea bastante masculina del logro: acumular, conquistar, sobresalir.
Pero a mí la maternidad me cambió la definición. Fue mi primera experiencia real de crudeza: mis partos, la crianza, navegar las aguas agitadas de la salud mental en el posparto. Ahí empecé a mirar distinto lo extraordinario.
Entendí que hay personas profundamente extraordinarias no porque hayan conquistado el mundo, sino porque han sido capaces de pararse sobre su propio dolor y decir: “Acá estoy. Me rindo a lo que es. Y, con paciencia y mañita, voy a construirme una vida que tenga sentido para mí.”
No hay fuegos artificiales en eso. No hay aplausos masivos. Pero hay una vida extraordinaria. Algo así es Mayra. Venezolana. Periodista. Migrante. Mamá de una.
En 2020 Mayra vio dos rayitas en una prueba que parecían confirmar embarazo. Fue al médico y descubrió que no estaba gestando: tenía un tumor en uno de sus ovarios. El aumento hormonal que indicaba embarazo era en realidad la antesala de una transformación radical.
Siguió el protocolo médico: quimioterapia intensa, cirugía. Los médicos le sugirieron retirar completamente su aparato reproductor para evitar que el cáncer regresara. Pero Mayra decidió creer. No en la negación de la medicina. No en fantasías. Decidió creer en que su historia no tenía que terminar ahí.
El cáncer le abrió preguntas profundas: ¿Cómo llegué acá? ¿Cómo he vivido hasta ahora? ¿Qué quiero realmente? No se fue a Bali a “encontrarse”. No abandonó todo para meditar en una montaña. Mayra es una mujer trabajadora, migrante. Sus preguntas se respondían mientras atendía clientes, mientras se instalaba en un nuevo país, Estados Unidos, mientras hacía lo que tenía que hacer para sostener su vida.
De esas preguntas surgieron otras: ¿Quiero ser mamá? ¿Qué tipo de vida deseo? Y en ese momento vio en redes a Sofi Elizondo, creadora de OWN IT. Sin demasiadas explicaciones racionales, compró la guía. Solo intuición.
Escuchar las charlas que parten de la fisiología del parto, de la capacidad del cuerpo para parir y del poder de la mente para acompañar —no sabotear— el proceso, empezó a sembrar algo en ella. Las conversaciones sobre alimentación, movimiento, voz, conciencia.
Mayra comprendió algo: Si quería ser mamá, debía empezar por maternarse a sí misma. Empezó a cuidar sus proyectos, sus deseos, su mundo interno. Y así llegó la pintura. Durante años había descartado la posibilidad de explorarse como artista. Pero el vacío que dejó el cáncer le abrió un espacio nuevo.
Pintar se convirtió en una forma de cultivar la relación consigo misma. De escucharse. De entender quién era después de migrar, casarse, enfermarse, sobrevivir. Y entonces llegó su primera gestación.
Los médicos habían sido claros: quedar embarazada sería difícil. Solo tenía un ovario. Su reserva ovárica era baja. Había pasado por tratamientos agresivos. Su edad era “avanzada”. Las estadísticas no estaban a su favor.
Pero Mayra decidió pensar distinto: “No necesito mil “huevos”. Si tengo uno, con ese basta.” Y así fue.
Ese primer embarazo no llegó a término, hubo tristeza, pero también una certeza: Sí es posible. Luego vino un segundo embarazo que tampoco prosperó. Ahí apareció otra pregunta: ¿Y si la maternidad no es para mí? Mayra decidió rendirse, pero no desde la derrota, sino desde la aceptación: “Si no es para mí, está bien. Mi vida ya tiene sentido. No estuve al borde de perderla por un cáncer para perderla ahora por algo que no llega.”
Y cuando soltó, la vida insistió. Al mes de esa segunda pérdida, llegó su tercer embarazo. Para este decidió que el afán no mandaría. No fue a consulta hasta pasado el primer trimestre. No necesitaba más certezas que esta: Si es para mí, se dará.
Volvió a la guía OWN IT. Se preparó con conciencia. Y, ya desde un lugar soberano, tomó una decisión que para ella tenía todo el sentido: su parto sería en hospital. Así como había decidido creer que, contra todo pronóstico, podía ser mamá, decidió también creer que tendría una buena experiencia de parto en el sistema médico. Pero no desde la ingenuidad.
Sabía perfectamente que para muchas mujeres el hospital ha sido como meterse a “la boca del lobo”. Y aun así fue. No fue desde un lugar inocente, fue desde uno adulto. Definió qué quería y qué no. Construyó su plan de parto. Conversó con su pareja. Pensó escenarios. Y entró a ese espacio sin entregar su centro. Fue consciente de su deseo. Y lo sostuvo. Lo que concretó fue un parto expansivo, respetado y lleno de ternura.
Sabía perfectamente que para muchas mujeres el hospital ha sido como meterse a “la boca del lobo”. Y aun así fue. No fue desde un lugar inocente, fue desde uno adulto. Definió qué quería y qué no. Construyó su plan de parto. Conversó con su pareja. Pensó escenarios. Y entró a ese espacio sin entregar su centro. Fue consciente de su deseo. Y lo sostuvo. Lo que concretó fue un parto expansivo, respetado y lleno de ternura.
La historia de Mayra me gusta mucho porque muestra algo esencial: el parto soberano no tiene una única forma, puede suceder en casa, puede suceder en hospital. Realmente lo importante no es el lugar, lo importante es la conciencia.
Su historia no es extraordinaria solo porque haya atravesado un cáncer. Ni porque haya logrado un embarazo que parecía improbable. Ni siquiera porque haya concretado un parto humanizado dentro del sistema médico -algo que muchas veces parece excepcional-. Es extraordinaria porque, una y otra vez, eligió creer. Creer cuando las estadísticas no estaban a su favor, creer cuando los diagnósticos eran duros, creer después de la enfermedad, creer después de la pérdida, creer en su cuerpo, creer en su deseo.
Les invitamos a escuchar su historia completa. Estamos seguras de que la van a disfrutar mucho. Y si conocen a alguien que necesite escuchar una historia donde la fe y apostar por “lo imposible” no es ingenuidad, sino una decisión consciente, compártanla.
Con cariño
Caro Peña
Mamá quiere contar
Equipo OWN IT
