Conocí a Sofi escuchándola contar su historia de parto en un podcast.
Yo caminaba empujando el cochecito de mi bebé, embarazada de mi segundo hijo.
Hice OWN IT con muchísimo gusto. Me preparé a conciencia para mi segundo parto. Yo quería un parto libre porque era lo que tenía sentido para mí.
Desde entonces he participado en distintos espacios con Sofi. Cuando tuve la oportunidad, me convertí también en tallerista de OWN IT. Con el tiempo, Sofi me invitó —junto a otras dos mujeres maravillosas— a formar parte del equipo.
Decidimos grabar sus historias de parto para el Podcast de OWN IT. Y fue profundamente emocionante volver a conectar con eso que hace a Sofi tan Sofi: su vitalidad, su empeño, su honestidad.
Mi primer parto había sido “accidentado”: mi bebé nació antes de que la partera llegara. Ella hizo rápidamente algunos cálculos en su cabeza —mamá primeriza, bebé grande, mujer académica— y pensó: este parto será largo.
Pero yo me había preparado mucho. Y en menos de seis horas mi bebé nació.
Al final del parto me sentí poderosísima. Como nunca antes en mi vida. Sin embargo, eso no fue lo que el entorno vio. Familiares, conocidos, incluso personas cercanas, no se detuvieron en una mujer que había parido sin miedo, sin autoridad externa, confiando en su cuerpo. Tampoco vieron a unos acompañantes entregados por completo al proceso.
Se fijaron únicamente en lo que no hubo:
Pero yo me había preparado mucho. Y en menos de seis horas mi bebé nació.
Al final del parto me sentí poderosísima. Como nunca antes en mi vida. Sin embargo, eso no fue lo que el entorno vio. Familiares, conocidos, incluso personas cercanas, no se detuvieron en una mujer que había parido sin miedo, sin autoridad externa, confiando en su cuerpo. Tampoco vieron a unos acompañantes entregados por completo al proceso.
Se fijaron únicamente en lo que no hubo:
— Ay, qué peligro.
— ¿Y si algo salía mal, qué hubieran hecho?
— ¿Y si algo salía mal, qué hubieran hecho?
Esa reacción me generaba una incomodidad profunda.
¿Por qué quedarse ahí?
¿Por qué tan pocas personas podían ver el milagro?
No se necesita a “alguien” para parir. Se necesita que la mujer esté preparada. Y yo lo estaba. No tuve miedo. Pero no tenía palabras para nombrar eso. No sabía cómo devolverme el protagonismo de mi propio parto. Durante un tiempo incluso preferí no contar la historia.
Hasta que escuché a Sofi.
Cuando escuché su relato de parto libre, algo hizo clic de manera absoluta. Eso era. Eso era lo que yo quería nombrar. Eso era lo que quería reivindicar.
Volví de la caminata con mi hijo en el coche a buscarla en redes sociales. Empecé a seguirla. Todo lo que publicaba me resonaba. Le escribí. Me contó que estaba por lanzar una guía en español sobre parto libre. Le dije que la quería. Esperé el lanzamiento. Fui la primera en comprarla.
Hice OWN IT con muchísimo gusto. Me preparé a conciencia para mi segundo parto. Yo quería un parto libre porque era lo que tenía sentido para mí.
Recuerdo especialmente un momento en los encuentros cuando Sofi hablaba de la vida como un movimiento constante de contracción y expansión, y de cómo la expansión es directamente proporcional a cuán dispuestas estamos a atravesar la contracción.
“Si nos cerramos, si intentamos evitar la contracción, la expansión no llega. Ni en el parto ni en la vida.”
“Si nos cerramos, si intentamos evitar la contracción, la expansión no llega. Ni en el parto ni en la vida.”
Esa idea me atravesó por completo. Yo ya lo sabía por mi primer parto, pero nunca lo había llevado a la vida misma: a cómo enfrentamos lo difícil, lo incómodo, lo que duele.
Desde entonces he participado en distintos espacios con Sofi. Cuando tuve la oportunidad, me convertí también en tallerista de OWN IT. Con el tiempo, Sofi me invitó —junto a otras dos mujeres maravillosas— a formar parte del equipo.
Decidimos grabar sus historias de parto para el Podcast de OWN IT. Y fue profundamente emocionante volver a conectar con eso que hace a Sofi tan Sofi: su vitalidad, su empeño, su honestidad.
Su primer parto fue en Colombia, acompañado por una partera —curiosamente la misma que me acompañó a mí—. Sofi lo dice sin rodeos: fue un parto largo y sufriente porque ella no se había puesto a sí misma en un lugar soberano.
El parto solo empezó a fluir en un momento muy preciso. Después de 16 horas, frustrada, Sofi mira a la partera y le pregunta: — ¿Qué pasa? ¿Por qué no avanza esto?
La partera, serena, le responde:
— Sofi, esto es algo tuyo. Tu bebé quiere nacer, pero vos tenés algo que te está inhibiendo. Tenés que enfrentarlo. Sudarlo.
Le prepara agua caliente y plantas, la cubre con una sábana y le dice:
— Sudalo. Enfrentalo.
— Sudalo. Enfrentalo.
Sofi cuenta que en ese momento, por primera vez, admitió que tenía miedo. Que había idealizado el parto. Que sentía rabia. Que el parto era crudo y difícil. Y que ella, todavía parada en un lugar infantil, había esperado que fuera bonito, fluido, simple.
Para su segundo parto, Sofi decidió que quería un parto libre. Y se preparó con enorme compromiso. El resultado fue muy distinto: mientras su primer parto duró más de 20 horas, en el segundo su bebé nació tras una hora y media de trabajo de parto activo, lleno de placer, presencia y serenidad.
La historia de Sofi muestra algo fundamental: Lo que hay entre una mujer y el parto que sueña es hacerse adulta.
No victimizarse. No delegar. No esperar que alguien más “haga” por una. Hacerse adulta es saber que no podemos controlarlo todo, pero que sí somos responsables de algo clave: nuestro mundo emocional y la dirección de nuestros pensamientos, mientras parimos un bebé, un proyecto o una vida.
La soberanía no es control. Soberanía es preguntarse: ¿Qué espacio, qué acompañamiento y qué herramientas necesito para poder sumergirme en mí misma mientras estoy pariendo? Y hacerse cargo de construirlo.
Realmente parir no nos corresponde. Nuestro cuerpo lo hará. Como tampoco nos correspondió hacer un cerebro o un corazón durante la gestación de nuestros bebés, simplemente pasó. Eso sucede más allá de nuestra voluntad, talento o inteligencia. Por ende hacerse adulta no es hiperresponsabilizarse de todo. Es aprender a habitarse. A sostenerse. A entrar en una misma sin huir.Y eso —en el parto y en la vida— lo cambia todo.
Sofi compartió también la historia de su tercer parto: un aborto que vivió en 2025 y que le trajo una nueva lección, quizá la más sutil y compleja de todas. Si su segundo parto le enseñó que podía sola, que era protagonista y que tenía la capacidad de sostenerse en sí misma, el tercero vino a preguntarle algo distinto:
¿y por qué hacerlo sola?
Después de 70 días sangrando, Sofi decidió acudir al sistema médico, a pesar de su reticencia a ser intervenida de manera innecesaria. En ese tránsito pudo integrar algo fundamental: no es necesario negar el sistema médico para parir en soberanía. Se puede recurrir a él cuando es necesario, sin ceder el lugar de protagonismo, sin entregar la voz ni la agencia.
Esa experiencia le permitió comprender que la soberanía no es aislamiento ni heroísmo. Es discernimiento. Es saber cuándo sostenerse en una misma y cuándo dejarse sostener, sin perderse en el proceso.
Las invitamos a escuchar este episodio del podcast, a dejarse tocar por la mirada de Sofi y por su manera honesta y encarnada de concretar los partos —y las decisiones— que desea.
Con cariño,
Carolina Peña
Mamá quiere contar
Equipo OWN IT
