Imaginá atravesar tu primer parto por cesárea. Un parto traumático. Marcado por la violencia obstétrica, por la infantilización de tu cuerpo y de tu palabra como mujer que pare.
Imaginá no tener referentes cercanos de parto en casa, de parto soberano, de otras formas posibles de nacer. Y aun así… terminar siendo partera.
Suena improbable. Pero esa es la historia de Reina: venezolana, partera andina–tropical, madre de cuatro.
Suena improbable. Pero esa es la historia de Reina: venezolana, partera andina–tropical, madre de cuatro.
Reina cuenta que todo comenzó con algo aparentemente mínimo: escuchar, casi al pasar, la historia de un parto en casa de una conocida. No fue una revelación espectacular. Fue un susurro. Algo que se despertó muy adentro y que no volvió a dormirse.
Sin saber aún qué forma tomaría ese llamado, con quién formarse o cómo hacerlo posible, supo que tenía que investigar más: sobre el parto, sobre cómo acompañarlo de una manera distinta a la que ella había vivido.
Así llegó a su primera formación como partera. De eso han pasado más de diez años.
Con el tiempo, Reina descubrió algo más: su bisabuela, en Colombia, también había sido partera. Una mujer que terminó muriendo sola, en condiciones muy precarias. Esa memoria no fue solo un dato biográfico; fue una clave política.
Le permitió entender de dónde venía su impulso por acompañar partos, pero también contra qué lógicas quería resistir: la de las parteras como figuras invisibilizadas, precarizadas y borradas de la historia oficial.
Le permitió entender de dónde venía su impulso por acompañar partos, pero también contra qué lógicas quería resistir: la de las parteras como figuras invisibilizadas, precarizadas y borradas de la historia oficial.
Hoy Reina hace parte del equipo de OWN IT. Es quien dinamiza la comunidad de la guía y lidera las asesorías 1:1 con mujeres que se preparan para parir. Habla con dulzura, sin imponer. Pero su palabra —sabia, encarnada, atravesada por la experiencia— se vuelve guía y claridad.
No conduce desde la autoridad jerárquica, sino desde la presencia.
De la conversación con Reina en el episodio del podcast de esta semana emerge una idea fundamental: la partería no es solo una técnica de acompañamiento al parto. Es otra forma de comprender el mundo.
No conduce desde la autoridad jerárquica, sino desde la presencia.
De la conversación con Reina en el episodio del podcast de esta semana emerge una idea fundamental: la partería no es solo una técnica de acompañamiento al parto. Es otra forma de comprender el mundo.
La partería se sostiene sobre una episteme distinta a la de la medicina alopática. No parte de la enfermedad ni de la emergencia como norma. Parte de la salud, de la fisiología, del poder mamífero de parir. Son paradigmas diferentes, y el campo de la atención al parto hoy se define en la tensión entre estos dos paradigmas.
Pero la partería arrastra dos heridas históricas profundas que la colocan en desventaja frente al sistema médico hegemónico: la caza de brujas y la colonización.
Como explica Silvia Federici en Calibán y la bruja, estos procesos fueron centrales para la consolidación del capitalismo. No hay capitalismo sin control de la capacidad reproductiva de las mujeres.
Las parteras —las llamadas “brujas”— representaban una amenaza porque tenían el conocimiento para regular la fertilidad. Las mujeres podían decidir cuántos hijos tener, cuándo y cómo. Ese saber debía ser expropiado, disciplinado, perseguido por el Estado y por la naciente ciencia masculina.
Las parteras —las llamadas “brujas”— representaban una amenaza porque tenían el conocimiento para regular la fertilidad. Las mujeres podían decidir cuántos hijos tener, cuándo y cómo. Ese saber debía ser expropiado, disciplinado, perseguido por el Estado y por la naciente ciencia masculina.
Entonces, ¿quiénes son las parteras hoy? Son mujeres que llevan siglos resistiendo. Que sostienen, muchas veces desde los márgenes, la soberanía reproductiva de otras mujeres. Que cuidan la vida sin apropiársela.
Hoy, las parteras dialogan con Estados altamente especializados, tensionadas entre integrarse o no a sistemas que rara vez las reconocen como iguales.
En América Latina, la partería conserva una fuerte raíz étnica y comunitaria. En la mayoría de los países no ha sido plenamente integrada. Y eso tiene que ver con nuestra historia colonial: aquí no se arrasó todo; se mestizó, se jerarquizó, se toleró a medias.
La partería latinoamericana sigue siendo profundamente integral. Y por eso sigue siendo incómoda.
Acompaña procesos de autonomía reproductiva. Disputa sentidos sobre el cuerpo, el saber y el poder. Por eso, sí: las parteras latinoamericanas son activistas.
Te invito a escuchar el capítulo completo del podcast con Reina y a dejar tus comentarios.
Esta conversación es una puerta abierta para repensar el parto, el cuidado y la soberanía desde nuestras propias raíces.
Esta conversación es una puerta abierta para repensar el parto, el cuidado y la soberanía desde nuestras propias raíces.
Referencias:
Federici, S. (2016). Calibán y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulación originaria . Editorial Abya-Yala.
Carolina Peña
Carolina Peña
Mamá quiere contar
Equipo OWN IT
